Liturgias Dominicales

XX Domingo Ordinario, 20 de Agosto del 2017

Queridos Hermanos(as): En el Evangelio de este XX Domingo Ordinario, “Una mujer cananea se acerca a Jesús suplicándole a grandes gritos que curase a su hija, poseída de un demonio… Esta mujer, una extranjera, una bárbara, sin relación alguna con el pueblo judío ¿no era como una perra, indigna de alcanzar lo que ella pedía? “No está bien tomar el pan de los hijos para echárselo a los perrillos”. Sin embargo, la perseverancia de la mujer le ha valido ser escuchada. Aquella, que no era sino una perrilla, Jesús la levanta a la nobleza de los hijos de la casa. Más aún, la colma de alabanzas. Le dice al despedirla: “¡Mujer, qué grande es tu fe! Que te suceda lo que pides”. Cuando se oye a Cristo decir: “Tu fe es grande” no hace falta buscar otras pruebas para ver la grandeza de alma de esta mujer. Ha salido de su indignidad por la perseverancia en la petición”.

El Domingo, pasado el Señor hacía notar su falta de fe a Pedro. En esta ocasión el Señor alaba la fe de esta mujer pagana. Son ensalzadas la fe, la humildad y la paciencia admirables de una mujer cananea.  Por su humildad abre para ella y para su hija las fuentes de la salvación. A causa de su fe en el Hijo de David, alcanza lo que pide con terca insistencia: la curación de su hija. La fe, porque creía que el Señor podía curar a su hija. La paciencia, porque cuantas veces era despreciada, otras tantas persevera en sus súplicas. La humildad, porque no se compara ella sólo a los perros, sino a los cachorrillos. Sé dice que:- no me merezco el pan de los hijos, ni puedo tomar sus alimentos enteros, ni sentarme a la mesa con el Padre; pero me contento con lo que da a los cachorrillos, a fin de llegar, mediante mi humildad, hasta la mesa donde se sirve el pan entero. Y Uds. mis Hermanos (as), Cómo está su fe, paciencia y sobre todo humildad,  en Nuestro Señor Jesucristo. Tengan un bendecido Domingo. Mons. Juan M Bustillo.