Liturgias Dominicales

XXV Domingo Ordinario, 24 de Septiembre del 2017

Queridos Hermanos(as): En el Evangelio de este XXV Domingo Ordinario:  La parábola «de los obreros de la viña»;  sería mejor llamarla la del dueño bondadoso o el señor generoso. El profeta Isaías parece sintetizar la idea principal de este Domingo, cuando dice: «los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos». La mente humana es pequeña, frágil y sujeta al error. El hombre debe ser consciente que Dios tiene un hermoso Plan para cada uno y que al ser humano le corresponde conocerlo para ser fiel a él.

La enseñanza principal es ésta: el que negocia con Dios y exige de Él retribución ante los méritos propios, recibe exactamente «lo suyo»; pero se excluye del reino de la gratuidad y de la misericordia. Son los obreros que no vivieron la experiencia de la cesantía, pues trabajaban desde la primera hora. Ellos se sienten en situación y derecho de negociar. Se puede decir que no fueron salvados, porque no quedaron contentos y se fueron con lo suyo «murmurando» contra el señor. Los otros obreros reconocen que ellos estaban cesantes y que han sido salvados. Ellos no convinieron nada, sino que confiaron en la justicia y bondad del Señor. Éstos recibieron un don gratuito, mucho mayor que lo que podían imaginar. Ellos se fueron felices, alabando la generosidad de su señor y dándole gracias por su inmenso don, que reconocían no haber merecido.

La envidia es la tristeza que se experimenta ante el bien o prosperidad del prójimo, así como también el gozo ante el daño o mal que sufre. San Agustín calificaba la envidia como el «pecado diabólico por excelencia», y San Gregorio Magno afirmaba que «de la envidia nacen el odio, la maledicencia, la calumnia». ¡Cuántos llevados de la envidia inventan historias, divulgan o exageran defectos del prójimo, se dedican a dañar o destruir su buena fama o reputación!

Si quieres asemejarte más aún al Señor, atiende este sabio consejo de aquel mismo maestro espiritual: «no te debes contentar con no tener pesar de los bienes del prójimo, sino trabaja por hacerle todo el bien que pudieres, y pide a nuestro Señor le haga lo que tú no pudieres». Y Uds mis queridos Hermanos (as) están dispuestos a trabajar a cualquier tiempo del llamado, en la viña del Señor? Tengan un bendecido Domingo. Mons. Juan M Bustillo.