Liturgias Dominicales

Domingo 26 de Noviembre del 2017 Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo Rey del Universo

Queridos Hermanos(as): El año litúrgico se cierra siempre con la Solemnidad de nuestro Señor Jesucristo Rey del Universo. Desde la reforma litúrgica la Iglesia ha reservado este último Domingo del año para contemplar a Jesucristo en la plenitud de su gloria y poder.

Finalmente, una palabra sobre el pasaje del juicio final, en el que se describe la segunda venida del Señor, cuando Él juzgará a todos los seres humanos, vivos y muertos. La imagen utilizada por el evangelista es la del pastor que separa las ovejas de las cabras. A la derecha se coloca a quienes actuaron según la voluntad de Dios, socorriendo al prójimo hambriento, sediento, extranjero, desnudo, enfermo, encarcelado ¿qué hacemos por ellos?—; mientras que a la izquierda van los que no ayudaron al prójimo. Esto nos dice que seremos juzgados por Dios según la caridad, según como lo hayamos amado en nuestros hermanos, especialmente los más débiles y necesitados.

El amor al prójimo permite distinguir entre el amor genuino a Dios y el que sólo lo es en apariencia, de la boca para afuera. Quien no ama al hermano a quien ve, con un amor que se expresa en obras concretas de caridad, miente si dice que ama a Dios a quien no ve (ver 1Jn 4,20-21).

¿Cómo se conjuga con el amor infinito de Dios? Dios ciertamente es amor (1Jn 4,8.16). Nos ha creado por amor y para el amor. Por el inmenso amor que le tiene a su criatura humana, no quiere que nadie se pierda, y tanto lo quiere que Él mismo se ha hecho uno como nosotros, Él mismo asumió nuestra naturaleza humana para cargar sobre sí nuestro pecado y para reconciliarnos… ¡en la Cruz! Dios ha hecho todo, hasta lo impensable, para que su criatura humana tenga vida, la tenga en abundancia y la tenga para toda la eternidad. Por tanto el problema no está en Dios, sino en el hombre, en el rechazo que él hace de la invitación divina a participar de ese amor, en excluir a Dios de su propia vida para seguir su propio camino, lejos de Dios, sin Dios, y muchas veces en contra de Dios. Esto es lo que llamamos pecado.

A pesar de este rechazo, Dios nos sigue amando tercamente. Cristo en la Cruz perdona, reconcilia, toca y toca a la puerta del corazón de todo hombre invitándolo a abrirle. ¿Puede el amor de Dios expresarse en un grado más alto que ese? ¿Qué más pudo hacer Dios por nosotros?

Queridos hermanos y hermanas, que contemplar el juicio final jamás nos dé temor, sino que más bien nos impulse a vivir mejor el presente. Dios nos ofrece con misericordia y paciencia este tiempo para que aprendamos cada día a reconocerle en los pobres y en los pequeños; para que nos empleemos en el bien y estemos vigilantes en la oración y en el amor. Que el Señor, al final de nuestra existencia y de la historia, nos reconozca como siervos buenos y fieles.

Y Ud. mis queridos Hermanos (as), como se están preparando para la venida  y encuentro de Nuestro  Señor Jesucristo Rey del Universo?  Tengan un bendecido Domingo. Mons. Juan M Bustillo.