Liturgias Dominicales

ll Domingo Ordinario, 14 de enero del 2018

Queridos Hermanos(as):

Las lecturas de este Domingo plantean el tema de la vocación. Nuestro término “vocación” viene de la palabra latina vocare, que significa llamar. Así pues, cuando hablamos de vocación, hemos de entender que Dios llama a alguien invitándolo a cumplir una determinada misión en el mundo. En este caso se trataría del Mesías, anunciado por Dios en los libros proféticos. Sería la respuesta de Hijo al Padre eterno, cuando le encomienda llevar a cabo sus designios reconciliadores en el mundo. Su respuesta es de una obediencia ejemplar: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas… entonces yo digo: “aquí estoy… para hacer tu voluntad”». Es al Mesías, el Hijo de Dios hecho Hijo de Mujer, al que andan buscando dos jóvenes inquietos (Evangelio). Estos jóvenes encarnan la esperanza del pueblo elegido. En efecto, Israel esperaba al Mesías prometido por Dios, y la expectativa de su pronta llegara había crecido desde que Juan Bautista había empezado a predicar a orillas del Jordán: «Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos». El Bautista, de quien estos dos jóvenes eran discípulos, incluso lo señaló ya presente en la persona de Jesús de Nazaret, que había acudido a él para ser bautizado en el Jordán: «Éste es el Cordero de Dios». Cordero en arameo se dice talya y se usa tanto para designar a un cordero como también a un siervo o servidor. Con esta designación el Bautista da a entender que Jesús es no sólo el cordero pascual cuyo sacrificio y sangre derramada librará al mundo del peso del pecado y del poder de la muerte, sino que también es el Siervo de Dios por excelencia, tal como lo presenta Isaías en los “cánticos del siervo” Al escuchar a Juan hablar de Jesús de modo sobre, sus dos discípulos se fueron tras Él, siguiéndolo a cierta distancia. En un momento el Señor se vuelve y les pregunta: «¿Qué buscan?» Ésta es la traducción exacta del griego, cuyo verbo zeteo significa buscar algo con intensidad. El Señor, que conoce los corazones, sabe que lo que mueve a estos dos jóvenes a seguirle es un intenso anhelo de encontrar al Mesías prometido por Dios. «Vengan y lo verán», responde el Señor. En otras palabras les dice: “vengan conmigo y les mostraré quién Soy yo”. El encuentro de aquella tarde debió ser realmente fascinante, muy intenso, pues el impacto que causó en aquellos jóvenes fue tremendo. Por eso luego del encuentro lo primero que hacen es ir corriendo a buscar a Pedro, hermano de uno de ellos, para compartirle su importantísimo descubrimiento: «¡Hemos encontrado al Mesías!» Encontrar a Aquel a quien andaban buscando intensamente, hallar a quien era el motivo de sus esperanzas y expectativas, había llenado sus corazones de un inmenso júbilo que necesitaba difundirse y compartirse inmediatamente, llevando también a otros al encuentro con Aquel que responde a la búsqueda más profunda de todo ser humano, a sus anhelos de salvación y felicidad: «lo llevó a Jesús».

Ese fue el primer encuentro imborrable de Andrés, Juan y Pedro con el Señor. Si mencionamos a Juan, aunque el evangelista sólo menciona a Andrés y a Pedro, lo más probable es que se trate del mismo evangelista. Son ellos, junto con los demás Apóstoles, quienes escucharán más adelante aquél llamado del Señor, aquel “ven y sígueme” al que también ellos, venciendo sus propios temores y miedos, responderán con un firme y decidido “aquí estoy, Señor; te seguiré a donde vayas; envíame a donde quieras, a anunciar tu Evangelio”.

Y Ud. mis queridos Hermanos(as) Como han respondido al llamado de Nuestro Señor Jesucristo para seguirle?  Tengan un bendecido Domingo . +Mons. Juan M Bustillo.