Liturgias Dominicales

l Domingo de Cuaresma, 18 de Febrero del 2018

Queridos Hermanos(as):

El miércoles hemos comenzado la Cuaresma con el signo expresivo de las cenizas. En este mundo en el que vivimos qué elocuente resulta el signo austero de las cenizas acompañado de las palabras bíblicas: «¡Acuérdate que eres polvo y que en polvo te convertirás!». En realidad, estas palabras no pretenden informarnos de algo nuevo que nosotros no sepamos ya; sólo pretenden recordarnos una verdad indiscutible, que muchas veces tratamos de olvidar ya que es evidente que en esta tierra estamos sólo de paso.

Pero este tiempo de Cuaresma debe ser una experiencia de liberación, no ya de la esclavitud de Egipto, sino de la esclavitud de nuestros pecados; para vivir en la verdadera libertad de los hijos de Dios. Todo lo que nos estorba en nuestro camino hacia Dios, se transformará en ceniza algún día y, por tanto, no vale la pena poner en ello nuestro corazón. En este tiempo el Señor nos invita a salir al desierto y privarnos de ciertas comodidades materiales para practicar la misericordia con los más necesitados. Con la “carne de Cristo” como nos recuerda el Papa Francisco. Las obras de misericordia son eternas, ellas no se transforman en cenizas y nos valdrán en el juicio final. Entonces escucharemos al Señor que nos dice: «Venid benditos de mi Padre a poseer el Reino… porque tuve hambre y me disteis de comer… estaba desnudo y me vestisteis…» (ver Mt 25, 31ss).

«El diablo existe también en el siglo XXI y debemos aprender del Evangelio cómo luchar» contra él para no caer en la trampa. Para hacerlo no hay que ser «ingenuos», por ello se deben conocer sus estrategias para las tentaciones, que siempre tienen «tres características»: comienzan despacio, luego crecen por contagio y al final encuentran la forma para justificarse. El Papa alertó acerca del considerar que hablar del diablo hoy sea cosa «de antiguos».

«La vida de Jesús fue una lucha: Él vino para vencer el mal, para vencer al príncipe de este mundo, para vencer al demonio». Jesús luchó con el demonio que lo tentó muchas veces y «sintió en su vida las tentaciones y también las persecuciones». Así «también nosotros cristianos que queremos seguir a Jesús, y que por medio del Bautismo estamos precisamente en la senda de Jesús, debemos conocer bien esta verdad: también nosotros somos tentados, también nosotros somos objeto del ataque del demonio». Esto sucede «porque el espíritu del mal no quiere nuestra santidad, no quiere el testimonio cristiano, no quiere que seamos discípulos de Jesús». «¿Cómo hace el espíritu del mal para alejarnos del camino de Jesús con su tentación?». La respuesta a este interrogante es decisiva. «La tentación del demonio  tiene tres características y nosotros debemos conocerlas para no caer en las trampas». Ante todo «la tentación comienza levemente pero crece, siempre crece». Luego «contagia a otro»: se «transmite a otro, trata de ser comunitaria». Y «al final, para tranquilizar el alma, se justifica». De este modo las características de la tentación se expresan en tres palabras: «crece, se contagia y se justifica».

Pero si «se rechaza la tentación», luego «crece y vuelve más fuerte». Jesús, explicó el Papa, lo dice en el Evangelio de Lucas y advierte que «cuando se rechaza al demonio, da vueltas y busca algunos compañeros y vuelve con esta banda». Y he aquí que «la tentación es más fuerte, crece. Pero crece incluso involucrando a otros». Es precisamente eso lo que sucedió con Jesús, como relata el pasaje evangélico de Juan (10, 31-42) propuesto por la liturgia. «El demonio  involucra a estos enemigos de Jesús que, a este punto, hablan con Él con las piedras en las manos», listos para matarlo.

Y Ud. mis queridos Hermanos(as) De qué manera están dispuestos a vivir este tiempo de cuaresma?Tengan un bendecido Domingo. +Mons. Juan M Bustillo.