Liturgias Dominicales

lll Domingo de Cuaresma, 04 de Marzo del 2018

Queridos Hermanos(as):  «Nosotros predicamos a un Cristo crucificado…fuerza de Dios y sabiduría de Dios» (Primera carta de San Pablo a los Corintios 1, 22- 25). En esta frase encontramos una excelente síntesis de las lecturas en este tercer Domingo de Cuaresma. La fuerza y la sabiduría que Dios revela a través del Verbo Encarnado perfeccionan y dan plenitud a los Diez Mandamientos (Éxodo 20, 1-17). Por otro lado, se instaura un nuevo templo y un culto nuevo; situado ya no en un lugar físico (el Templo de Jerusalén) sino en una persona: Jesucristo. Cuando resucita Jesús entonces entienden los Apóstoles de qué estaba hablando al referirse sobre la destrucción del Templo (San Juan 2,13 – 25 ); inaugurando así un nuevo culto (la economía sacramental) y un nuevo templo (la Iglesia que es su Cuerpo Místico). «El itinerario del templo en la historia», que «comienza con el arca; luego Salomón realiza su construcción; después llega a ser templo vivo: Jesucristo el templo. Y terminará en la gloria, en la Jerusalén celestial».

«El templo es el lugar donde la comunidad va a orar, a alabar al Señor, a dar gracias, pero sobre todo a adorar». En efecto, «en el templo se adora al Señor. Y esta verdad es válida para todo templo y para toda ceremonia litúrgica, donde lo que «es más importante es la adoración». «Toda la comunidad reunida mira al altar donde se celebra el sacrificio y adora. Pero creo,  que nosotros los cristianos tal vez hemos perdido un poco el sentido de la adoración. Y pensamos: vamos al templo, nos reunimos como hermanos, y es bueno, es bello. Pero el centro está allí donde está Dios. Y nosotros adoramos a Dios». «Nuestros templos ¿son lugares de adoración? ¿Favorecen la adoración? Nuestras celebraciones, ¿favorecen la adoración?». Judas Macabeo y el pueblo «tenían el celo por el templo de Dios porque es la casa de Dios, la morada de Dios. E iban en comunidad a encontrar a Dios allí, a adorar».

Como relata el evangelista Lucas, «también Jesús purifica el templo». Pero lo hace con el «látigo en la mano». Se pone a expulsar «las actitudes paganas, en este caso de los mercaderes que vendían y habían transformado el templo en pequeños negocios para vender, para cambiar las monedas, las divisas». Jesús purifica el templo reprendiendo: «Está escrito: mi casa será casa de oración» y «no de otra cosa. El templo es un lugar sagrado. Y nosotros debemos entrar allí, en la sacralidad que nos lleva a la adoración. No hay otra cosa».

San Pablo nos dice que somos templos del Espíritu Santo: yo soy un templo, el Espíritu de Dios está en mí. Y también nos dice: no entristezcáis al espíritu del Señor que está dentro de vosotros». En este caso, precisó, podemos hablar de «una especie de adoración, que es el corazón que busca al Espíritu del Señor dentro de sí. Y sabe que Dios está dentro de sí, que el Espíritu Santo está dentro de sí y escucha y le sigue. También nosotros debemos purificarnos continuamente porque somos pecadores: purificarnos con la oración, con la penitencia, con el sacramento de la reconciliación, con la Eucaristía».

En estos dos templos: el templo material lugar de adoración y el templo espiritual dentro de mí, donde mora el Espíritu Santo nuestra actitud debe de ser la piedad que adora y escucha; que ora y pide perdón; que alaba al Señor». Y «cuando se habla de la alegría del templo, se habla de esto: toda la comunidad en adoración, en oración, en acción de gracias, en alabanza. En oración con el Señor que está dentro de mí, porque soy templo; en escucha; en disponibilidad».

Los invito a orar para que «el Señor nos conceda este sentido auténtico del templo para poder ir adelante en nuestra vida de adoración y de escucha de la Palabra de Dios».

Y Ud. mis queridos Hermanos(as): Están dispuestos a limpiar su templo, para dejar que el Señor Jesús,  habite en sus corazones. Tengan un bendecido Domingo. +Mons. Juan M Bustillo.