Liturgias Dominicales

XV Domingo Ordinario, 15 de Julio del 2018

Queridos Hermanos(as): Este XV Domingo Ordinario,  el Señor invita en el Evangelio a que  no guardes la Palabra para Ti. No podemos guardar para nosotros lo bueno, lo valioso, lo bello. Si el evangelio ha modelado nuestras vidas y sentimos que ha sido algo profundo y precioso para nosotros, ¿por qué no ha de ser Buena Noticia también para otros? No todos estamos llamados a ir afuera, a predicar de palabra el Evangelio, pero sí todos estamos convocados a dejarlo hablar por sí mismo, por el modo cómo lo vivimos. En esta eucaristía pidamos al Señor que nos ayude a vivir profundamente y a expandir valientemente su Buena Nueva de salvación.

Luego de la muerte del rey Salomón (X a. C.) el pueblo de Israel sufre una división. Al sur las tribus de Judá y de Benjamín mantienen el templo de Jerusalén como único lugar de culto, mientras las diez restantes tribus de Israel acuden a un templo en Betel. Un siglo después Dios elige a Amós como mensajero suyo (1ª lectura) y lo envía a Betel diciéndole: «Ve y profetiza a mi pueblo Israel». Su anuncio no será bien recibido. Amasías, sacerdote del templo de Betel, lo conmina a volver a su tierra diciéndole: «Vidente, vete y refúgiate en tierra de Judá; come allí tu pan y profetiza allí. No vuelvas a profetizar en Betel».

También “los Doce” son elegidos y enviados por el Señor Jesús, el Hijo de Dios. Él los reviste de autoridad antes de enviarlos. Esta autoridad divina delegada a los apóstoles por el Señor les confiere derecho de actuar con total libertad de acción, en Su Nombre y con poder para expulsar demonios y curar enfermos. A “los Doce” los fue enviando «de dos en dos», no sólo para ayudarse y acompañarse mutuamente, sino para que el testimonio de uno estuviese avalado por otro testigo. Son enviados para «predicar la conversión» debido a la inminente llegada del “Reino de los Cielos” (ver Mc 1, 15).

El Reino de Dios sería inaugurado en la tierra por el Mesías prometido por Dios. La expulsión de demonios así como la curación milagrosa de los enfermos eran signos patentes que certificaban la llegada de los tiempos mesiánicos (ver Mt 11, 2-6; Lc 7, 18-23) y acreditaban a los apóstoles como embajadores del Mesías que venía detrás de ellos. En las indicaciones del Señor a sus apóstoles de no llevar ninguna provisión para el camino hemos de ver una invitación a la confianza total en Dios, en su providencia y asistencia divina. Esta providencia divina habrá de manifestarse a través de la acogida y generosidad de aquellos que sabrán recibir a los apóstoles y su anuncio (ver Lc 10, 7). “Los Doce” experimentarán que en el fiel cumplimiento de su misión nada les faltará, porque Dios vela por ellos (ver Lc 22, 35). Esta instrucción era dada para aquella ocasión específica y no debe ser vista como una norma general (ver Lc 22, 36).

Este envío será un anticipo de la futura y universal misión de los apóstoles. Es parte de su formación para lo que harán toda su vida: anunciar a Jesucristo, Salvador y Reconciliador del mundo. De este modo quiso Dios asociar a hombres concretos a la realización de sus designios reconciliadores.

En la segunda lectura San Pablo invita a los cristianos de Éfeso a dar gracias a Dios Padre, pues en Cristo «nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales». Gracias al anuncio de la Palabra de la verdad, del Evangelio de salvación, los cristianos hemos recibido gratuitamente un cúmulo inmenso de bendiciones. Este anuncio es esencial para llevar a cabo el proyecto divino de «hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza», y por aquel mandato apostólico de Cristo resuena aún hoy en la Iglesia y se dirige a todos los bautizados, porque el mensaje de la salvación y reconciliación debe llegar a todos los rincones del mundo, a todos los corazones necesitados del Don de la Reconciliación.

Y Uds. mis queridos Herman@s: Están dispuestos a Predicar la Buena Nueva y dar testimonio de su palabra, en cualquier momento a los que te rodean para su salvación? Tengan un bendecido Domingo. +Mons. Juan M Bustillo.