Liturgias Dominicales

l Domingo de Adviento, 02 de Diciembre del 2018

Queridos Hermanos(as):

Con el primer Domingo de Adviento iniciamos un nuevo año litúrgico (ciclo C). El Adviento es el tiempo que nos hace vivir la venida de Cristo y nos recuerda que estamos en la «plenitud de los tiempos» . El primer Domingo de Adviento en los tres ciclos litúrgicos pone ante nuestros ojos la venida gloriosa de Cristo al final de los tiempos, y así se relaciona con los últimos Domingos del año, en que meditábamos sobre el fin de la historia y su recapitulación en Jesucristo. «Vienen días», leemos en la Jeremías 33, 14-16 , «en que haré brotar para David un Germen justo». Jesús, en el discurso escatológico de San Lucas, dice que los hombres verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. En la primera carta a los Tesalonicenses, San Pablo les exhorta a estar preparados para la venida de nuestro Señor Jesucristo, con todos sus santos (Tesalonicenses 3,12- 4,2).

El Señor indica en seguida cuál debe ser el espíritu en que hay que vivir el Adviento. Todo debe estar marcado por la expectativa de Cristo. Por eso advierte: «Que no se hagan pesados vuestros corazones». Y enumera tres cosas que distraen de la espera del Señor: «el libertinaje, la embriaguez y las preocupaciones de la vida». Quien vive en el libertinaje, en la disolución de las costumbres y en la promiscuidad sexual, quien vive enajenado por el alcohol, la droga, la pornografía o cualquier otra adicción, quien vive preocupado por adquirir siempre más bienes de esta tierra encandilado por el espejismo del consumismo y de los negocios de este mundo, está distraído y no espera la venida del Señor. Sobre éstos «vendrá el Día de improviso, como un lazo, porque vendrá sobre todos los que habitan toda la faz de la tierra». Jesús habla de un momento de la historia, un momento preciso que vendrá y que Él llama simplemente «el Día». Ese Día tiene una sola característica cronológica cierta: ¡está cada vez más cerca!

Por eso Jesús propone otra serie de advertencias, esta vez en modo positivo: «estad en vela, orando en todo momento». Esta es la actitud propia del Adviento. El tiempo del Adviento debe ser un tiempo de penitencia y de sobriedad en el uso de los bienes de este mundo para que no nos distraigan con su engañador brillo y se vuelva pesado nuestro corazón. Debe ser un tiempo de oración en que digamos constantemente a Cristo: «¡Ven, Señor Jesús!». Jesús no se contenta con recomendarnos la oración en algunos momentos del día, sino «en todo momento». El Adviento debe despertar en nosotros esta expectativa con respecto a Cristo y a su venida. Si lo esperamos de esta manera -nos dice Jesús- «podréis estar en pie delante del Hijo del hombre».

Y Ustedes mis queridos Hermanos, como se están preparando para la segunda venida del Señor?. Tengan un bendecido Domingo. Mons. Juan M Bustillo.

“Dios Mío, yo creo, te adoro, te espero y te amo. Te pido perdón por todos aquellos que no creen, no te adoran, ni te esperan, ni te aman”.