Liturgias Dominicales

Vl Domingo Ordinario, 17 de Febrero del 2019

Queridos Hermanos ¿Pueden ser felices los que sufren?  Sí, sí pueden.  Al menos eso fue lo que nos dijo Jesucristo.  ¡Felices los que ahora sufren!  Y lo dijo bastante al inicio de su predicación en el conocido “Sermón de la Montaña”, el cual comienza con las “bienaventuranzas” o motivos para considerarnos felices.  Es lo que nos presenta el Evangelio de hoy (Lc. 6, 17-26).

1.-La confianza en Dios no es caer la inactividad o dejadez. Entre otras cosas, la confianza en Dios implica –además de abandonarnos en El- plantearnos pequeñas metas que denoten que somos de los suyos, que Dios no es una simple quimera o un sueño fugaz. Que es Alguien que lo sentimos cercano a nuestra vida y a nuestra realidad. Alguien, con cierta razón, llegó a decir: “la confianza en Dios es la mayor prueba que le podemos dar de que somos sus hijos”. Y hoy, por si no nos queda suficientemente claro, Jesús nos señala unos caminos para llevarnos hasta Dios: es el mensaje denso pero nítido de las bienaventuranzas.

  1. ¿Confías en Dios? No pongas tu centro en el dinero. Tampoco digas que “no es importante”. Entre otras cosas porque, puedes engañar a algunos de los que te rodean, pero a no Dios que siempre ve en lo escondido. ¿Confías en Dios? No te preocupes si no posees todo aquello que tú desearías alcanzar para una felicidad completa. Un día, en el abrazo saciativo que Dios te dará, entenderás muchas cosas. ¿Confías en Dios? No olvides las lágrimas. Sé solidario. No te justifiques sobre el mal del mundo con un “yo no puedo hacer nada”. Que tu llanto sea sinónimo de tu solidaridad con los que más sufren.

¿Confías en Dios? Da razón de tu esperanza. No escondas tu carnet de identidad cristiano. El Señor puso por nosotros su cara en una cruz. ¿Por qué nos cuesta tanto a nosotros dar testimonio de que somos cristianos o católicos? ¿Confías en Dios? Si a Él lo insultaron antes, subiendo y estando colgado en la cruz… ¿pretendes, pretendemos ser más que el Maestro? A veces, cuando no somos más increpados, tendríamos que preguntarnos si no será porque presentamos de una forma, demasiado dulce o descafeinado el mensaje del Evangelio. ¿Confías en Dios? No anhelemos puestos de primera o reconocimiento público por parte de instituciones políticas, económicas, culturales o sociales. Nuestra recompensa, y que no sea un tópico, está en el cielo. Hacia él, donde habita la gloria de Dios, vamos caminando con el espíritu de las bienaventuranzas.

3.- Seguimos acompañando al Señor en su vida pública. Hay cosas de su evangelio que nos seducen, otras nos escandalizan. Existen palabras de Jesús que nos reconfortan, otras nos producen vértigo, esperanza o deserción. Pidamos al Señor que nuestra confianza la tengamos puesta siempre en El y, Jesús, nos dará la fuerza necesaria para perseverar y alcanzar esa riqueza de contemplar cara a cara al mismo Dios. Que la próxima cuaresma nos ayude a poner en el corazón de nuestra vida a ese Cristo que se fía de nosotros y camina junto a nosotros para salvarnos. ¿Confiamos en El? ¡Vayamos con El!

4.- MI CONFIANZA ERES TU, SEÑOR Frente a la  riqueza que todo lo invade, dame tu  pobreza que todo lo enriquece Frente a los  manjares que el mundo me ofrece dame el  hambre de Ti para no perderte. Antes que la  alegría en sonrisas fingidas da a mis  ojos lágrimas y pena con los que lloran. Antes que  cobardía frente a los que me insultan dame valentía  y perseverancia en tu camino.  Antes que  deseos de poder y de apariencia dame  humildad y saber siempre estar de tu lado.  Antes que  vanidad o ansias de aplausos dame la  satisfacción de ser tu amigo Que mi  confianza, Señor, seas Tú Que mi  riqueza, Señor, seas Tú.  Que mi  alimento, Señor, seas Tú Que mi  alegría, Señor, seas Tú Que mi  fortaleza, Señor, seas Tú Que mi horizonte, Señor, ahora y  siempre seas tú. Amén  Tengan un bendecido Domingo. Mons. Juan M Bustillo.

 “Dios Mío, yo creo, te adoro, te espero y te amo. Te pido perdón por todos aquellos que no creen, no te adoran, ni te esperan, ni te aman”.